La violencia de género atenta contra los Derechos Humanos y con ello, contra los Derechos Sexuales.

-Contra la libertad sexual, la autonomía, integridad y seguridad sexuales, (con el abuso o la agresión sexual, con la mutilación genital)

-Contra la privacidad, (con la difusión de imágenes de contenido sexual sin consentimiento)

-Contra la equidad sexual, (con la discriminación a las personas que no se definen como heterosexuales)

-Contra el placer sexual, (al buscar sólo el propio disfrute, ignorando la experiencia de la pareja)

-Contra la expresión emocional, (con el miedo a una reacción negativa), contra la libre asociación, (con los matrimonios forzosos o las amenazas si  se plantea dejar la relación).

-Contra la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables, (al negarse a emplear métodos anticonceptivos o al obligar a concebir un hijo), contra la información basada en el conocimiento científico y la educación sexual integral, (al impedir el acceso a la educación sexual en cualquier momento del ciclo vital)

-Contra la atención de la salud sexual, (impidiendo recibir la atención necesaria a nivel médico o causando problemas físicos y psicológicos).

En este día, es fundamental incidir en la importancia de la educación sexual, así como promover la igualdad y la concordia de género, puesto que es necesario comprender nuestra dimensión sexual y el respeto a los Derechos Sexuales como un elemento obligatorio de la formación, para lograr el desarrollo óptimo de cualquier persona desde la primera infancia.

Para prevenir la violencia de género es necesario sensibilizar a toda la población y especialmente a la juventud, para que la detecte, tanto en el entorno familiar como en sus relaciones de pareja.

La idea fundamental es fomentar relaciones igualitarias, en las que haya concordia de género, así como que aprendan a identificar conductas abusivas y pidan ayuda cuanto antes, llevando a cabo acciones formativas desde el inicio de la escolarización.

La desconfianza, (los celos), el aislamiento sociofamiliar, el control o las críticas van minando la autoestima de las mujeres que a menudo no disponen de la independencia económica y/o emocional suficiente para atreverse a dar el paso de romper la relación.  

Para erradicar la violencia de género es necesaria la colaboración de todos y todas.

Los profesionales de la educación, la sanidad, la justicia, los medios audiovisuales o la psicología hemos de cuestionar el sistema patriarcal machista, que trata de relegar a las mujeres a un segundo plano, (al cuidado del hogar, de la familia, a primar los deseos de la pareja frente a los propios a todos los niveles, a desempeñar trabajos mal remunerados o con poca promoción).

Asimismo, es fundamental que los hombres que ejercen violencia sobre las mujeres tengan acceso a una terapia en la que se trabaje fundamentalmente con el control de impulsos y la empatía, para que se pongan en el lugar de la víctima, que vean las relaciones de género de otra manera, aceptando que una mujer tiene los mismos derechos que un hombre.

El tratamiento que se le da a este tema en los medios de comunicación también ha de mejorar, evitando el sensacionalismo y proporcionando a la población información veraz sobre este problema.

Hemos avanzado en esta lucha, pero queda mucho por trabajar y nos corresponde a todas y a todos hacerlo.